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El cuidado de nuestra escuela


“..Un Dojo es como una colmena…
Debe promover la vida, si no… no es un Dojo“

“En las escuelas de Karate-Do el Sensei tiene dos puertas…
Una es la del espíritu… La otra la del dinero…
Cuando abre una, cierra la otra…”

Sensei Pa Chi

… Algunas veces los profesores de Karate-Do debemos tomar desiciones que no siempre son fáciles…
Cuando un profesor es honesto y consecuente con lo que enseña sus desiciones tienen que ver con el beneficio de toda la Escuela y no con el beneficio propio ya que el profesor sabe que el o ella es de alguna manera no solo quien enseña sino también el responsable y protector de la tradición, valores morales y filosóficos que representa...

No en pocas ocasiones he visto como se ha tenido que expulsar a un alumno o alumna, o ponerle un límite muy claro y definitivo a un miembro de una escuela. También he visto como algunas escuelas han crecido sanamente y otras con muchos problemas han desaparecido o sufrido quiebres muy fuertes y a veces el germen de la destrucción de estas estaba en si mismas.

La decisión de enseñar o no a un alumno o alumna “correctamente” o trasmitirle los secretos de su “tradición” a veces toma años para un Sensei…
De la misma manera el permitir el acceso o la inscripción a una escuela de Karate no debería estar solamente condicionado a si esa persona tiene la cuota en dinero para pagar la inscripción solamente; si esto fuera así las escuelas estarían destinadas a recibir a cualquier alumno o alumna, a veces personas que en realidad no debería tener acceso a estas enseñanzas…

La escuelas de Karate-Do son “educadoras” por excelencia y de la misma manera no deberían prohibir el ingreso a nadie, si no que por el contrario al promover valores y principios fundamentales para la sociedad, ojala tuvieran el mayor numero de alumnos posibles.
Pero... ¿Cuando un alumno o alumna no puede formar parte de una escuela de Karate-Do… o se le debe pedir que se retire?

Hay algunas condiciones que son obvias…
Por ejemplo no se debe permitir por ningún motivo el acceso a delincuentes, a miembros de pandillas y personas con una conducta francamente matonesca, violenta o agresiva y descontrolada. Tampoco es recomendable enseñar “Karate” a personas que son altamente discriminadoras, racistas, clasistas y que puedan hacer mal uso de lo que se les enseña para ofender, maltratar, imponer sus creencias o someter a otros seres sintientes, degradando su condición humana, animal o vegetal.

También es necesario tomar decisiones definitivas cuando algún miembro del Dojo actúa premeditadamente en contra de las leyes de su país, trafica con drogas o cuando existen otros casos graves y serios como los diferentes tipos de abuso.

Se pueden dar también dañinos casos de “acoso”, ya sea este moral, psicológico, sexual o afectivo (enamoramientos) desde o hacia un profesor o entre alumnos.

Las rencillas personales como el “odio” entre miembros de la escuela generan un ambiente insano, comentarios, chismes que también deben ser detenidos a tiempo,

En general estas condiciones son como obvias limitaciones de acceso a la enseñanza de Karate-Do y ante las cuales sin duda que se deben tomar determinaciones ya que de no hacerlo se corre el grabe riesgo de afectar seriamente la vida de otras personas incluso en un futuro lejano.

Sin duda que en estas situaciones “mas vale cortar un dedo que cortar un brazo” ya que de demorar la dedición será la escuela en su totalidad y su condición de formadora de personas la que sufrirá gravemente las consecuencias.

Es decir, debemos cuidar la escuela en su interior, en su semilla, en su raíz; procurando siempre ayudarse mutuamente a que todos llevemos un “buen vivir” y nuestras acciones no afectan negativamente a otros seres. Y en esta tarea, es muy importante comprender que debemos estar todos involucrados y no solamente quien dirige.

La “Escuela espiritual” es de todos y no solo de una persona, de tal forma lo que uno hace a otros no solamente afecta a la persona en cuestión si no que a todo el grupo en general. Cuidar nuestra escuela es responsabilidad de todos.

También es importante reconocer y resaltar el positivo impacto que a veces tiene sobre personas de mal vivir la enseñanza del Karate-Do. Ha habido ejemplos notables de personas que han encontrado en nobles escuelas de Artes Marciales un camino y una filosofía que les ha permitido reencaminar sus vidas.

Estará en la sabiduría de los profesores o de quienes dirigen la escuela el ver la diferencia y definir cuando es posible o no ayudar verdaderamente a alguien.

En general, a veces se debería considerar la ayuda y trabajo multidisciplinario entre asistentes sociales, médicos, psicólogos, profesores y por supuesto de la familia.

Un Sensei “humano” por si solo es muy difícil que tenga éxito en casos extremos, si la escuela decide intentarlo se debe practicar la humildad y pedir ayuda y consejos profesionales.

Hay casos más delicados aun y estos son cuando la persona que esta afectando a la escuela espiritual es el profesor mismo, esta es una situación tremendamente difícil para los alumnos ya que por cariño y autoridad siempre se respeta y quiere a los profesores. En estos casos será tarea de los alumnos de mayor grado de una escuela y cercanos al Sensei los que por el bien de su propio maestro intenten por todos los medios posibles hacerle ver el buen camino. Esta ultima parte es muy difícil nuevamente y muchas veces no queda mas remedio para los alumnos, y en especial cuando estos son niños y jóvenes (o personas en necesidad de un guía), que abandonar lo antes posible dicha escuela y en esto la tarea de los padres es muy importante para proteger a sus hijos e hijas.

Debemos entender que un “buen profesor” no necesariamente es el mejor para “pelear” o el que tiene técnicas mas “espectaculares”, si no que el que sabe “educar mejor” no solo una técnica, si no que principalmente ética y moralmente con su buen ejemplo de vida.

Los profesores nos guste o no, somos modelos que no en pocas ocasiones adoptan sus alumnos.

De esta manera el ser profesor es un “rol” y no un “fin”, no debería entregar “status” ni privilegios sobre otros, al contrario, el ser profesor es una tremenda responsabilidad ANTE LA VIDA. Hay un viejo adagio que dice…

“Los efectos de un profesor alcanzan la eternidad...”

Y esto es muy cierto, con seguridad usted no recuerda las materias o contenidos que le enseñaron sus profesores de escuela en particular, si no mucho más la relación que mantuvo con ellos… Incluso debe haber ciertos profesores que le marcaron su vida para bien o para mal definitivamente y creo no equivocarme cuando le aseguro que no fue por la “materia académica” que le transmitían (1+1=2) si no que por “otra cosa”.

La labor de un profesor, “el educar”, es sin duda una de las tareas mas nobles y difíciles que existen (y esto ya lo sabemos los padres) y la gran mayoría de las veces muy mal reconocida, incluso social y económicamente.

Cuando de esto hablaba un antiguo y querido profesor siempre nos decía…

“Educar es como soplar el vidrio…

Si soplas poco no se forma… Si soplas mucho lo destruyes…”

Álvaro Rodrigo Bustamante Escayol
Profesor de Estado de Educación Física, Deportes y Recreación.
Profesor de Dojo Sanchin
Marzo 2007







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